ALIAT TOUR ’25 · Casablanca & Marrakech
Una aventura entre zocos, desiertos y centros de jardinería
Los días 10, 11, 12 y 13 de noviembre, una amplia representación de la familia ALIAT viajó a Marruecos para seguir descubriendo, poco a poco, los gardens más destacados de los principales países de nuestro entorno.
En esta ocasión, fue el turno de Marruecos, un país reconocido mundialmente por la inmensidad del desierto del Sáhara, su rica mezcla cultural, el cuscús y el tajín, el inconfundible té de menta, su artesanía y, sobre todo, la hospitalidad de su gente.
Como es habitual, el viaje contó con la participación de una parte significativa de la gran familia ALIAT: miembros de la Central, una amplia representación de propietarios de gardens afiliados y varios de nuestros proveedores: BATLLE, COMPO, ELHO, FLOWER, GARDENA, INFERTOSA, JAVADO, NEUDORFF, VIVERO LAS FRESAS y VIVEROS MAS DE VALERO.

Guillem Jubete y David Vicente (FLOWER), Juan Luis de la Rosa (NEUDORFF), Paco Pomar y Ximo Tido (INFERTOSA), Óscar Sinca (COMPO), David Cuesta (BATLLE), Sergio Rodríguez (ELHO), Josep Maria Pitarque (ALIAT), Marc Gurmaches (GARDENA), Sonia Bonachela (COMPO), Francesc García (NEUDORFF), Aurélie y Adriana Fernández (VIVERO LAS FRESAS), Manuel Martínez, Trinidad Martín y Micael Pérez (VIVEROS MAS DE VALERO) y Adelino Mendoça (JAVADO).
ALIAT TOUR es una experiencia diseñada para que los propietarios de centros de jardinería puedan visitar en primera persona los gardens más emblemáticos de cada país y obtener ideas inspiradoras para implementar en sus propios gardens. Además, nos ofrece la oportunidad de disfrutar del turismo local y desconectar de la rutina diaria.
Como siempre, dispusimos de dos autocares que nos acompañaron a todas nuestras destinaciones.
A continuación, resumimos la ruta del ALIAT TOUR MARRAKECH ’25.
Lunes 10 de noviembre
Llegamos al aeropuerto de Casablanca a media tarde desde varias procedencias.
Casablanca es la ciudad más grande de Marruecos y su centro económico. Está en la costa atlántica y destaca por su puerto, uno de los más importantes de África. Casablanca es una ciudad moderna, con rascacielos, vida cultural y un papel clave en la industria y el comercio del país.
Inmediatamente nos dirigimos al garden Arborescence de Bouskoura, una localidad situada al sur de Casablanca, aproximadamente a 20 km del centro de la ciudad, y es conocida por ser una zona residencial en expansión, con amplias áreas verdes y urbanizaciones muy modernas.

La ubicación del garden y su pronunciado desnivel permiten organizar la exposición en distintos niveles, lo que aporta dinamismo al recorrido. Iniciamos la visita con una impresionante muestra de cactus y plantas crasas.
A medida que avanzamos, aparecen diferentes familias de plantas, todas ellas con un mantenimiento impecable.
A mitad del itinerario se encuentra el punto de información, situado en un edificio cubierto donde se exponen fitosanitarios, sistemas de riego, semillas, herramientas y plantas de interior. Es un espacio moderno, muy ordenado y cuidado, con una estructura de madera y una decoración especialmente atractiva.
Arborescence importa todos estos productos desde Europa, así como plantas de interior que no pueden producirse en Marruecos (orquídeas, guzmanias, anthuriums, spathiphyllums, etc.).
El recorrido continúa por la sección de sustratos, áridos, mallas y césped a granel. Destaca especialmente la amplia variedad de áridos disponible, en contraste con la reducida gama de substratos.
Más adelante se presenta una extensa colección de macetas de exterior, organizadas por colores y variedades. Todo el garden mantiene un orden y una limpieza ejemplares.
Fiel a la reconocida hospitalidad marroquí, la directora del garden nos recibió con un cálido gesto: un tentempié acompañado de bebidas y dulces típicos marroquís.
El garden cuenta con un equipo de 30 empleados, responsables tanto del mantenimiento como del asesoramiento a los clientes.
En conjunto, toda la planta que se ofrece es de gran calidad.
En líneas generales, se trata de un garden sobresaliente en cuanto a producto, exposición y mantenimiento.
Los centros de jardinería ARBORESCENCE cuentan con un vivero de producción en Azemmour, donde cultivan plantas ornamentales de clima mediterráneo o adaptadas a este entorno. Entre sus principales producciones se encuentran árboles como Araucaria o Brachychiton, palmeras ornamentales como Syagrus y Dypsis, así como diversas plantas arbustivas formadas, entre ellas el granado o el spindle.
La producción se realiza tanto en suelo como en maceta, lo que garantiza una óptima aclimatación de las plantas al exterior. Además, el equipo técnico emplea métodos de cultivo avanzados, como el uso de agua de ósmosis inversa y una fertilización específica para cada tipo de planta, asegurando así un desarrollo saludable y de alta calidad.
Cuando salimos el garden, nos dirigimos a la Mezquita Hassan II, una de las más grandes del mundo y el principal símbolo religioso y cultural de Casablanca. Su minarete, de 210 metros, es el más alto a nivel mundial.

Construida parcialmente sobre el mar, la mezquita puede albergar a más de 100.000 fieles.
Se trata de una auténtica obra maestra del arte islámico contemporáneo. Sus espacios están decorados con mármol tallado, mosaicos artesanales (zellige), madera de cedro finamente trabajada y yeserías de gran detalle.
La combinación de materiales tradicionales, técnicas ancestrales y una concepción arquitectónica moderna convierte a este monumento en un símbolo de identidad nacional y en uno de los lugares más impresionantes de Marruecos.
Cenamos en Dar El Kaid, un restaurante típico situado en plena medina de Casablanca. Desde el primer instante, el lugar nos envolvió con su encanto y autenticidad: un espacio donde historia, arquitectura y gastronomía se entrelazan de forma armoniosa.
El restaurante ocupa un edificio singular que, originalmente, fue una antigua sinagoga antes de convertirse en residencia a principios del siglo XVIII. Hoy conserva una elegancia única. Al cruzar sus puertas, nos sentimos transportados al corazón más profundo de Marruecos: paredes cubiertas de mosaicos tradicionales, lámparas centelleantes e intensos colores que crean una atmósfera cálida y evocadora, impregnada del espíritu marroquí.
La cena fue igualmente excepcional. Degustamos platos emblemáticos como el cuscús con verduras y carne tierna guisada, un tajín exquisitamente especiado y pastilla, una sorprendente tarta agridulce que combina sabores y texturas de manera magistral. Cada plato reflejaba la esencia de la cocina marroquí, rica en aromas, contrastes y tradición.
El ambiente se enriqueció aún más con música en vivo y espectáculos de danza oriental. Disfrutamos de una actuación de danza del vientre acompañada por melodías árabe-andaluzas, una combinación cautivadora que nos sumergió por completo en la magia cultural del país.
Dar El Kaid es más que un restaurante: es una experiencia sensorial que permite saborear no solo la gastronomía, sino también la historia, la belleza y el alma de Marruecos. Más que una cena, fue un viaje al corazón de la tradición marroquí.

Martes 11 de noviembre
A primera hora de la mañana nos desplazamos a Arborescence Dar Bouazza, un centro de jardinería ubicado en el municipio de Dar Bouazza, en la provincia de Nouaceur, a unos 20 km al oeste de Casablanca.
Allí nos recibió su directora, quien nos ofreció una visita guiada acompañada de una explicación detallada sobre el funcionamiento del garden, respondiendo con gran amabilidad a todas nuestras preguntas. La traducción estuvo a cargo de Hanna.
El centro abrió sus puertas a finales de marzo de 2015 y, desde 2021, opera en su emplazamiento actual. Esta nueva ubicación ocupa una hectárea de superficie y, a diferencia del garden de Bouskoura, se asienta sobre un terreno completamente llano.
Arborescence Dar Bouazza destaca por incorporar numerosos principios ecorresponsables, como el uso de energía solar, la recuperación de agua o el compostaje de residuos orgánicos.
También resulta muy llamativa su fachada exterior de madera, coherente con la estética de toda la cadena y reforzando una imagen corporativa natural y bien definida. La presentación exterior se completa con parterres ajardinados y una zona de estacionamiento práctica y visualmente atractiva.

El circuito de compra se inicia en la sección de complementos de jardín y herramientas, donde la oferta es más limitada que en los centros de jardinería europeos.
A continuación, se accede a la zona de planta de interior, un espacio con una presentación sobresaliente: mesas impecablemente organizadas, isletas con ejemplares de gran tamaño y macetas decorativas de formatos muy llamativos que crean un ambiente casi selvático.
En esta sección, la venta cruzada y la disposición de los estantes de macetas están especialmente bien trabajadas.
El centro cuenta además con una completa tienda de mascotas que incluye animales vivos —peces tropicales de agua dulce y salada, roedores, pájaros, perros, gatos y aves de corral— junto con una amplia gama de alimentos y accesorios.
En el exterior, la planta ejemplar vuelve a destacar como uno de los puntos fuertes del garden. La presentación comercial, organizada en parterres y acompañada de cartelería específica para cada variedad, es clara y atractiva.
Sin embargo, el elemento más sobresaliente es la puesta en escena de los cactus y plantas crasas, diseñada como un recorrido que evoca la visita a un auténtico jardín botánico.
También merece mención el vivero, donde se exhiben impresionantes ejemplares de palmeras y olivos.
Durante la visita tuvimos el placer de conocer al propietario, quien nos atendió con gran cordialidad y respondió a todas nuestras preguntas sobre el funcionamiento y la filosofía del garden.
Al salir del garden, retomamos el camino hacia Marrakech. A mitad de trayecto hicimos una parada para comer en el restaurante del Hotel Hilton de Ben Guerir, un espacio moderno cuyo jardín interior, cubierto y luminoso, aporta un ambiente elegante y relajado.
Tras la comida, nos dirigimos al garden Arborescence Marrakech. Situado a la entrada de la ciudad, a unos 3 km del peaje de la autopista, este vivero de una hectárea cuenta con un equipo de 19 profesionales. Sus instalaciones incluyen un invernadero de 600 m², un umbráculo del mismo tamaño, un tanque de agua con capacidad para 60 m³ y un completo sistema de riego dotado de bomba dosificadora de fertilizantes. En total, alberga 7.500 m² de plantas cultivadas en suelo —todas en maceta— y cerca de 25.000 ejemplares expuestos para su venta.
Fundado en 2008, el vivero nació como sala de exposición de las plantas producidas en Azemmour. Todas ellas se cultivan in situ, lo que garantiza su óptima adaptación al clima continental y seco de Marrakech y, por tanto, una excelente recuperación tras su plantación en los jardines. En los últimos años, el vivero ha puesto especial énfasis en promover especies resistentes a las condiciones locales: cactus, suculentas, gramíneas, árboles frutales y ornamentales capaces de soportar inviernos fríos, veranos extremadamente calurosos y un consumo de agua muy reducido. Esta apuesta invita a los clientes a descubrir alternativas menos conocidas que, en muchos casos, pueden sustituir ventajosamente a las plantas tradicionalmente usadas en la jardinería de la región.
Arborescence Marrakech, uno de los centros insignia de la cadena, destaca por su estética cálida y natural. Desde el primer momento invita a adentrarse en un espacio donde la naturaleza es la auténtica protagonista.
Es un oasis verde que sorprendió desde el primer instante. Nada más cruzar el umbral, un montaje de escaparatismo combina planta y maceta en una composición armoniosa y sugerente, que inspira al visitante y muestra posibles combinaciones decorativas para reproducir en casa. A ambos lados del acceso, dos pasillos laterales revestidos con cañizo y celosías de madera natural aportan frescura, modernidad y un toque orgánico que mezcla tradición, diseño y vegetación.
En el área cubierta, la exposición de planta interior es uno de los mayores atractivos. Las mesas, dispuestas a diferentes alturas, generan un recorrido fluido y muy visual, donde cada ejemplar luce en perfectas condiciones. La limpieza, el orden y el esmero se perciben en cada detalle, reflejando profesionalidad y un cuidado minucioso. La selección de macetas es variada y atractiva, aunque orientada a un enfoque más comercial que la espectacular puesta en escena de Arborescence Casablanca.
La zona exterior es un auténtico paraíso de cactus y suculentas. En esta zona, la oferta vegetal es amplia; sin embargo, la verdadera protagonista es la impresionante área dedicada a cactus y suculentas. La extensión, la diversidad de especies y la variedad de tamaños crean un paisaje que recuerda a un oasis.
Igual que en los otros dos gardens, la hospitalidad marroquí también estuvo presente, ofreciéndonos té marroquí, dulces típicos, zumos y agua.
Una experiencia para recordar. Visitar Arborescence Marrakech fue mucho más que recorrer un centro de jardinería. Aprendimos, nos inspiramos y disfrutamos de un espacio donde naturaleza, diseño y trato humano se combinan de forma sobresaliente.
Sin duda, una experiencia memorable que recordaremos durante mucho tiempo.
Después de la visita, nos dirigimos al hotel Barceló Palmeraie Oasis Resort, ubicado en pleno Palmeral de Marrakech, un verdadero oasis de palmeras a las afueras de la ciudad.
Este hotel de 5 estrellas combina el lujo con la esencia del desierto y ofrece amplios jardines cuidados al detalle. Además, cuenta con un centro Wellness de más de 500 m², que incluye hammam, jacuzzis y salas de tratamientos, ideal para relajarse y desconectar.
Cenamos en Nouba Marrakech, uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad, reconocido por su innovador concepto de dinner show, que combina alta gastronomía y espectáculo en un entorno verdaderamente único.
Desde el primer momento, el espacio nos cautivó por su estética sofisticada: una decoración cuidadosamente diseñada, música envolvente e iluminación cálida crean una atmósfera mágica que estimula los sentidos y anticipa una velada memorable.
La oferta culinaria destacó por su creatividad y originalidad. El menú, una fusión de influencias marroquíes, mediterráneas y asiáticas, presentó platos elaborados con gran atención al detalle.
El show en vivo llevó la noche a otro nivel. Bailarines, músicos y acróbatas ofrecieron una actuación vibrante, llena de ritmo, color y energía, que fue recibida con entusiasmo por todos los asistentes. Un despliegue artístico que complementó a la perfección la propuesta gastronómica.
Una noche que unió excelencia culinaria y emoción escénica en un ambiente verdaderamente mágico: una experiencia completa e inolvidable, donde arte y gastronomía se fusionaron de forma perfecta.
Más allá de la cena, Nouba nos brindó la oportunidad de compartir momentos únicos fuera del entorno laboral.
Miércoles 12 de noviembre
El tercer día, a primera hora de la mañana, realizamos un recorrido turístico por La Medina y los Zocos de Marrakech, considerados el auténtico corazón de la ciudad.
Uno de los edificios que visitamos fue el Musée des Confluences – Dar El Bacha, uno de los palacios más emblemáticos de la medina.
Durante la visita pudimos admirar sus patios con naranjos, las fuentes decorativas, los mosaicos tradicionales zellij y las magníficas puertas de madera de cedro tallada que caracterizan este histórico palacio, construido a principios del siglo XX. La experiencia nos permitió apreciar de cerca la extraordinaria riqueza cultural de Marrakech en un entorno arquitectónico único y lleno de encanto.
Otro edificio que visitamos es Le Jardin Secret, un jardín histórico que combina arquitectura tradicional, vegetación exuberante y un ambiente de serenidad absoluta.
A lo largo del paseo distinguimos claramente las dos áreas principales del recinto: el jardín islámico, con su diseño simétrico, canales de agua y una composición que refleja la armonía propia de la tradición marroquí. Y el jardín exótico, donde conviven especies botánicas procedentes de numerosos continentes, creando una atmósfera diversa y sorprendente.
No obstante, el lugar más vivo y auténtico de Marrakech es, sin duda, la Plaza Jemaa el-Fna. Situada en pleno centro de la ciudad, es mucho más que un punto de encuentro: es un escenario en constante movimiento donde cada instante se convierte en un espectáculo.
A la luz del día, Jemaa el-Fna se presenta como un amplio espacio abierto repleto de puestos de frutas, zumos naturales, especias y productos tradicionales.
Entre el bullicio aparecen figuras tan características como los encantadores de serpientes, los vendedores ambulantes, los domadores de monos… que mantienen viva la tradición oral marroquí.
Recorrer la plaza durante la mañana o el mediodía es una auténtica inmersión sensorial: los aromas de la menta y el comino, la explosión de colores y el murmullo constante de los visitantes crean una atmósfera irrepetible que refleja la esencia cultural de Marrakech.
Con el atardecer, la plaza se transforma por completo. Los puestos de frutas dejan paso a un vibrante mercado gastronómico al aire libre, formado por decenas de carpas y parrillas humeantes. Bajo la luz de las lámparas y el ritmo hipnótico de los tambores gnawa, el ambiente se llena de energía y vida.
Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, la Plaza Jemaa el-Fna concentra la vida social, artística y cultural de Marrakech.
Como dicen los propios marroquíes, «la plaza no se visita… se vive».
Desde las terrazas de los cafés y riads que rodean la plaza se disfruta de una panorámica incomparable, presidida por la silueta de la Mezquita Koutoubia, gran emblema de Marrakech y auténtico faro espiritual de la ciudad.
Su minarete, de casi 70 metros de altura y visible desde numerosos puntos, fue construido en el siglo XII y constituye una auténtica joya de la arquitectura almohade.
A sus pies, se extiende la Medina de Marrakech, un mundo fascinante donde el tiempo parece haberse detenido. Entre murallas rojizas, callejuelas laberínticas y puertas centenarias, se encuentra el espacio más auténtico de la Ciudad Roja.
Recorrer la medina es un viaje a través de los sentidos: el aroma de las especias, el sonido de los vendedores, el trote de los burros transportando mercancías, los artesanos trabajando a mano y los niños jugando entre los callejones forman una sinfonía urbana donde tradición y vida cotidiana conviven de manera natural.
En cada esquina se esconde una sorpresa: una fuente antigua, una puerta tallada, un riad silencioso o un taller donde el oficio se practica igual que hace siglos. La medina es un puente vivo entre historia y presente, un espacio donde Marrakech muestra su alma más pura.
En el centro de este laberinto se encuentran los zocos, mercados tradicionales que convierten Marrakech en un paraíso para los amantes de la artesanía y la cultura local. Organizados por oficios, hay 4 zocos principales: el de las especias, el de los artesanos, el de las lámparas y el de los tejidos.
En todos ellos, el ambiente es vibrante, en ocasiones caótico, pero siempre auténtico. Aquí no solo se compra: se vive, se observa y se aprende.
En los zocos se practica el arte del regateo, una parte esencial de la cultura marroquí. Mucho más que un método de compra es un juego social, una tradición y una forma de comunicación. Los precios iniciales son solo el punto de partida de una conversación amable donde la sonrisa es la mejor herramienta.
Durante el viaje aprendimos que el regateo no va de ganar o perder, sino de disfrutar el intercambio, conectar con los vendedores y sumergirse en la vida local. Con humor, respeto y un poco de paciencia, cada negociación se convierte en un momento compartido, lleno de complicidad y humanidad.
En los zocos de Marrakech, comprar no es solo adquirir un objeto: es vivir un instante de encuentro, una pequeña historia dentro del gran relato de la medina.
Comimos en la terraza de un restaurante tradicional situado en la Plaza Jemaa el-Fna, donde degustamos de una amplia variedad de platos de la gastronomía local y pudimos disfrutar de una vista privilegiada sobre el bullicioso corazón de Marrakech.
¡Un lugar perfecto para capturar la magia de la ciudad en todo su esplendor!
Después de comer, varias furgonetas recogieron al grupo para iniciar el trayecto hacia el desierto de Agafay. Tras una hora de viaje, el paisaje cambió por completo: las colinas áridas y las llanuras rocosas del Atlas dieron paso a un entorno de una belleza sobria y silenciosa.
Al llegar al campamento, fuimos recibidos con el tradicional té marroquí, símbolo de hospitalidad.
A continuación, se asignaron las haimas, equipadas con baño privado y concebidas para ofrecer el equilibrio perfecto entre comodidad y espíritu nómada.

Como detalle especial, ALIAT había preparado unas vestimentas bereberes —chilaba y turbante— personalizadas con el logo de ALIAT TOUR MARRAKECH, que añadieron un toque auténtico y memorable a la experiencia.
La tarde comenzó con una emocionante ruta en quad por los paisajes rocosos de Agafay.
Avanzamos por pistas polvorientas que atravesaban colinas, llanuras y dunas de piedra, adentrándonos en el silencio del desierto mientras el sol se ocultaba y teñía el horizonte de tonos dorados y rojizos.
La sensación de libertad era total: el viento en la cara, el rugido del motor y la inmensidad del paisaje, con los ocres del desierto y las montañas del Atlas al fondo.
Entre tramos rápidos y una parada para disfrutar de las vistas, la ruta combinó aventura y contemplación, permitiéndonos descubrir de una forma única uno de los entornos más singulares de Marruecos.
A continuación, realizamos una tranquila ruta en camello.
Entre breves paradas para hacer fotos y el vaivén pausado del animal, el paisaje de colinas y dunas de piedra se transformó en un escenario auténtico y sereno.
Fue una experiencia sencilla pero memorable, que nos permitió apreciar la belleza austera del desierto desde una perspectiva tradicional y profundamente conectada con la esencia marroquí.
Con la llegada de la noche, el desierto se transformó por completo.
Bajo un cielo cristalino y sin contaminación lumínica, disfrutamos de una cena tradicional marroquí con ensaladas, tajine de pollo, cuscús de verduras y un delicioso postre.
La velada estuvo acompañada de un espectáculo bereber con música gnawa, danza del vientre y malabaristas con fuego. Entre tambores, risas y estrellas, el ambiente se llenó de magia y alegría.
Tras la cena, las más valientes se atrevieron a tatuarse algunos motivos tribales en el brazo. Posteriormente, el grupo se retiró a sus haimas para descansar. Aquella noche el viento sopló con una fuerza casi huracanada, pero aun así dormir en pleno desierto, bajo un cielo infinito, fue una experiencia tan singular como inolvidable.
A la mañana siguiente, una ligera lluvia —poco habitual en la zona— sorprendió al campamento. Después de disfrutar de un desayuno bereber, emprendimos el regreso a Marrakech con la serenidad y la emoción que solo el desierto de Agafay es capaz de transmitir.
El día que pasamos en el desierto de Agafay fue una combinación perfecta de aventura, relajación y cultura… una experiencia que permanecerá en nuestra memoria como uno de los momentos más especiales del ALIAT TOUR ’25.
Jueves 13 de noviembre
Finalmente, dedicamos el último día a recorrer el zoco y disfrutar de las últimas compras. Es entonces, entre callejuelas, colores y aromas, cuando comprendimos por qué todos dicen que… ¡Marrakech engancha!
Así concluyó el ALIAT TOUR ’25, una experiencia que nos llevó a descubrir la esencia de Marruecos a través de su cultura, su gente y sus paisajes inolvidables. Un viaje que reforzó vínculos, despertó inspiración y nos recordó la importancia de compartir momentos únicos con la familia ALIAT. Para muchos, el de Marrakech ha sido mejor ALIAT TOUR de la historia.
